El documento tardará unos segundos en cargarse. Espere, por favor.
La guerra contra la educación en Burk...

La guerra contra la educación en Burkina Faso

  • 24-6-2020 | Wolters Kluwer |

    Rubén M. Mateo

  • Más de 2.500 escuelas cerraron por inseguridad. Los profesores son los principales objetivos de los terroristas. Sufren asesinatos, secuestros y amenazas
Portada

Rubén M. Mateo

Los alumnos tenían un ojo en la pizarra y otro en la ventana. Ellos podían ser los siguientes salpicados por la ola de violencia contra las escuelas que grupos yihadistas estaban perpetrando por toda la región. El grito fue al unísono cuando el rugido de las motocicletas era cada vez más cercano. Algunos no lo dudaron y se tiraron por la ventana. Otros decidieron echar a correr antes de que fuera demasiado tarde. Quienes se quedaron paralizados, vivieron la escena de terror en las aulas. Los hombres entraron con sus AK-47 y cinturones explosivos. ¿Debemos matarlos? Dijo uno de los terroristas apuntando a un maestro. «Uno me apuntó con un arma. Nos preguntó por qué continuábamos enseñando francés si ya habían avisado de que no lo hiciéramos», relata Gregorie, uno de los docentes que en aquel momento sufrió el ataque en la escuela Secundaria de Touflé, una pequeña aldea de la región de Loroum, en Burkina Faso.

Incendiaron uno de los salones y se encargaron de dejar un mensaje bien visible. «Después de esta advertencia, si encontramos a un maestro enseñando, lo mataremos. La democracia está prohibida. Firmado Ansaroul Islam». En ella pedían además el cierre de todos los colegios de las regiones de Soum y Loroum. Desde que este grupo terrorista comenzara a operar en el país en 2016, Burkina Faso ha estado lidiando con un aumento de los ataques islámicos armados, extendiéndose desde el centro de Malí hasta la región del Sahel. Entre 2017 y 2020, Ansaroul Islam y otros grupos aliados con Al Qaeda y el ISIS han realizado al menos 126 ataques contra profesionales de la educación, alumnos y escuelas.

Así lo documenta la ONG Human Right Watch (HRW) en su último estudio «Su guerra contra la educación: Ataques de grupos armados contra profesores, estudiantes y escuelas en Burkina Faso», que ha entrevistado a más de 170 personas. En él se da cuenta tanto de los asesinatos, palizas, secuestros, y amenazas que han sufrido los profesores del país desde 2017 a 2020, como de las intimidaciones a estudiantes y ataques contra constructores de centros educativos.

El 10 de marzo de 2020, el ministerio de Educación informó que 2.512 escuelas fueron cerradas debido a la inseguridad. Ello supone un aumento de más de 1.000 escuelas desde el final del año académico anterior. Es decir, el 13% de las escuelas de Burkina Faso, desde preescolar a secundaria, ya habían cerrado debido a ataques o inseguridad antes del brote de la pandemia del coronavirus, que significó el cierre de todas las escuelas desde mediados de marzo. Se estima además que el conflicto afectó a 349.909 estudiantes y 11.219 maestros.

«El 13% de las escuelas de Burkina Faso, desde preescolar a secundaria, ya habían cerrado debido a ataques o inseguridad antes del brote de la pandemia del coronavirus»

El motivo de los ataques viene motivado por la promoción de la educación en francés en detrimento del árabe o los estudios coránicos. Los ataques contra la educación también han afectado a los países vecinos, provocando en la región el cierre de 5.400 escuelas y dejando fuera de las aulas a 700.000 alumnos. Por ejemplo, en Malí, el conflicto ha provocado el cierre de 1.261 colegios —la región de Mopti es la más afectada, con un 60% de los colegios cerrados–, según UNICEF. También Nigeria se ha visto afectada desde que hace más de una década irrumpiese Boko Haram. La inseguridad y la violencia han motivado la huida de 19.000 profesores —611 fueron asesinados— y la clausura de 1.5000 escuelas.

Ataques contra docentes

«En la familia sabemos que el ataque estuvo relacionado con la educación. Él era el único intelectual en la aldea y enseñaba a aquellos que necesitaban ayuda. Los islamistas están en contra de esto», relata a HRW un familiar de Kondjoa Marcellin Tankoano, jefe de la aldea de Nadiabonli, provincia de Tapoa. Tankoano fue asesinado la noche del 28 de diciembre del pasado año. Había trabajado anteriormente como profesor en la región de Cascades y al retirarse regresó a su aldea. Estaba supervisando la construcción de una escuela de secundaria, financiada por donantes privados, donde también enseñaba como voluntario e impartía clases particulares a los niños en horario nocturno.

Mostrar/Ocultar Mostrar/Ocultar

«Por las noches, ayudaba a niños que no habían entendido las lecciones. Esa noche, alrededor de las nueve, estaba dando ejercicios de matemáticas, física y química a los estudiantes. Estaba en el patio, donde tenía una pizarra para escribir las lecciones. Los niños estaban en bancos que él mismo había fabricado. De repente, hombres armados entraron gritando: el jefe, el jefe, ¿dónde está? Hubo una lucha y le dispararon en la cabeza frente a los estudiantes», relata el familiar de Tankoano.

En Burkina Faso funciona la llamada socialización del sufrimiento contra los maestros. Matar a unos cuantos para aterrorizar a miles. Tankoano, que había animado a los profesores a que no abandonaron sus puestos y se mantuvieran firmes frente al terror, fue el último de una lista negra de docentes asesinados. Su asesinato se saldó con el cierre de las escuelas de la zona durante varios meses. Désiré Bancé, Dieudonné Sandwidi, Pakiemdan Sabdano, Alassane Yougbaré y Hamad Bouda son los nombres de cinco maestros que fueron también asesinados meses antes —el 26 abril de 2019– en la aldea de Maytagou.

«Esta situación ha creado una psicosis. Los estudiantes ya no se sienten cómodos en clase. Ha habido presión para que los maestros se queden y enseñen. Pero tienen pocos medios para protegerse», explica el secretario general de la Federación de Sindicatos docentes del país

El asesinato no es la única arma de los grupos terroristas. También funciona el secuestro y la intimidación. Las visitas a casas son frecuentes. «Te conocemos muy bien, sabemos dónde vives y queremos que dejes de enseñar. Te damos 72 horas para que salgas de la ciudad», relata un profesor de secundaria que fue amenazado en la ciudad de Deou y que decidió huir. Según datos recogidos por Naciones Unidas, desde enero de 2019 hasta abril de 2020, el número de personas desplazadas de sus comunidades por el conflicto se ha disparado de 87.000 a más de 830.000. Cientos de maestros se encontraban entre los que se han visto obligados a escapar. La diana está en profesores y directores por ser concebidos como representación del Estado.

En el citado estudio también se exponen las amenazas que han recibido diversos centros, como el ocurrido en febrero de 2019, en la Escuela Secundaria Provincial de Kongoussi: «Soy el líder yihadista El-Djibri. Te doy un plazo corto de 72 horas para enseñar árabe en este establecimiento o para detener las clases por completo. Si no, ya sabes el resultado», se puede leer en una nota enviada a un docente, recogida por el informe. En esta cruzada contra la educación también han muerto contratistas y albañiles dedicados a la construcción de centros. Quienes parecen librarse, pese a que las secuelas psicológicas permanecen, son los estudiantes. Según la ONG, no son el blanco directo de los grupos terroristas. Sin embargo, si se han producido quemas de material escolar, libros y pupitres delante de ellos.

«Esta situación ha creado una psicosis. Los estudiantes ya no se sienten cómodos estando en clase y haciendo su trabajo escolar. Ha habido presión para que los maestros se queden y enseñen. Pero tienen pocos medios para protegerse. No hay un sistema de advertencia e información», advierte Souleymane Badiel, secretario general de la Federación de Sindicatos Nacionales de Trabajadores de la Educación y la Investigación (F-SYNTER).

«Soy el líder yihadista El-Djibri. Te doy un plazo corto de 72 horas para enseñar árabe en este establecimiento o para detener las clases por completo. Si no, ya sabes el resultado», se puede leer en una nota enviada a un docente, recogida por el informe

Aulas saturadas

El conflicto unido a la pandemia del Covid-19 ha ocasionado que Burkina Faso sea uno de los territorios más dañados en materia educativa en la zona del Sahel. Antes de que llegase el virus, recalca el estudio, ya existían necesidades y falta de respuesta en personal e infraestructura en aquellas regiones que estaban acogiendo a los estudiantes desplazados. Se denuncia una saturación de alumnos, con la presencia de hasta 150 alumnos por aula. «El gobierno también debe tomar medidas concretas para disuadir el uso de escuelas con fines militares, recurriendo a ejemplos de buenas prácticas de otros países de la Unión Africana y, como mínimo, implementando las directrices para proteger las escuelas y universidades del uso militar durante los conflictos armados», se puede leer en el estudio. Desde 2017, Burkina Faso es firmante de la Declaración de Escuelas Seguras, un acuerdo para adoptar una serie de medidas destinadas a fortalecer la prevención y la respuesta relacionadas con los ataques contra estudiantes, docentes y escuelas.

Entre otras recomendaciones, HRW insta al gobierno a inscribir a los estudiantes desplazados en las escuelas de acogida.

El ministerio de Educación, a finales de 2019, envió una carta a las autoridades educativas locales en las que se solicitaba la matriculación de estos «de manera sistemática y sin cuotas». La ley de educación de 2007 de Burkina Faso declara que la educación es una «prioridad nacional», y que garantiza a todos el derecho a la educación, además de hacer la escolaridad obligatoria entre los 6 y los 16 años. La ley garantiza la educación pública básica gratuita, excluyendo las tarifas de inscripción. Pero en la práctica, denuncian desde el organismo internacional, la educación pública no es gratuita. «Con frecuencia, las comunidades asumen la responsabilidad de construir edificios de escuelas primarias y viviendas para docentes. Como resultado, las asociaciones de padres de la comunidad, que gestionan gran parte del mantenimiento de las escuelas locales, a menudo imponen tarifas de inscripción a los estudiantes. Esto sigue siendo una barrera financiera para la educación de muchas familias», sostienen.

El conflicto amenaza por echar por tierra las mejoras implementadas en los últimos años. Ha aumentado el acceso a la educación y la finalización de estudios

No obstante, el gobierno de Burkina Faso no se ha quedado de brazos cruzados todos estos años y ha implementado mejoras. Fruto de ello es el hecho de que ha mejorado el acceso a la educación. Por ejemplo, las matriculaciones en la escuela primaria para el año escolar 2001-2002 fueron del 30% para las niñas y del 42% para los niños. El porcentaje de finalización fue del 23% para las niñas y del 34% para los niños. A partir del año escolar 2015-2016, antes de que estallase el conflicto, las matriculaciones ascendieron en la escuela primaria hasta el 71% para niñas y niños. Por otro lado, las tasas de finalización fueron del 61% para las niñas y del 55% para los niños. Lauren Seibert, investigadora de derechos de los niños en Human Rights Watch y autora del estudio, lamentó que «los grupos islamistas armados que se dirigen a maestros, estudiantes y escuelas en Burkina Faso no solo están cometiendo crímenes de guerra, sino que están deshaciendo años de progreso para mejorar el acceso de los niños a la educación».

Queremos saber tu opiniónNombreE-mail (no será publicado)ComentarioWK Educación no se hace responsable de las opiniones vertidas en los comentarios. Evita, por favor, las descalificaciones personales, los comentarios maleducados, los ataques directos o ridiculizaciones personales, o los calificativos insultantes de cualquier tipo, sean dirigidos al autor de la página o a cualquier otro comentarista.
Introduce el código que aparece en la imagencaptcha
Enviar
Consulte el Periódico ESCUELA y sus Suplementos en ebiblox Números y suplementos del periódico ESCUELA en ebiblox
Scroll