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La prensa ha dicho

La prensa ha dicho

  • 24-6-2020 | Wolters Kluwer |

    José Manuel Pérez

  • «En la revista RETINA José Ángel Plaza López trataba de anticipar cómo será la escuela después de la pandemia y profetizaba que pasaremos del "aula huevera" a la "hiperaula": "Ahora que la información ya no es escasa, sino superabundante y muy accesible, la escuela tradicional no tiene sentido"»
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José Manuel Pérez

Catedrático de Instituto

Andreas Schleicher hablaba recientemente en EL PAÍS de la necesidad de reconstruir la educación interrumpida por una pandemia que «ha puesto al descubierto las numerosas deficiencias y desigualdades de nuestros sistemas educativos, desde la banda ancha y los ordenadores necesarios para la educación por Internet hasta la incapacidad de atraer a los profesores más competentes a los grupos de alumnos más problemáticos». El director de educación de la OCDE recomienda aprovechar el momento para «adaptar los planes y los entornos docentes a las necesidades del siglo XXI (…) un mundo en el que lo que es fácil de enseñar y evaluar también se ha convertido en fácil de digitalizar y automatizar». Las escuelas del futuro tendrán que ayudar a los estudiantes a pensar por sí mismos y a «sumarse a los demás con empatía en el trabajo y en la sociedad, así como a desarrollar una conciencia fuerte de lo que está bien y lo que está mal, una sensibilidad a las demandas que nos hacen los demás». Cree que la educación del futuro deberá basarse en proyectos, en construir experiencias que ayuden a los estudiantes a pensar, y que la tecnología puede permitir que los profesores y los estudiantes accedan a material especializado mucho más allá de los libros de texto. Pero recuerda que la esencia del aprendizaje no es la tecnología, sino la pedagogía por lo que los profesores deben seleccionarse «en función de su capacidad para transmitir su fe en la misión decisiva de la educación pública» y advertía de que el mayor riesgo de la crisis es que se fracture el tejido social creado en y por las escuelas por lo que, para dar respuesta a las necesidades de los alumnos hay que luchar «si es necesario contra la propia administración» que busca muchas veces intereses distintos de los del alumno.

En la revista RETINA José Ángel Plaza López trataba de anticipar como será la escuela después de la pandemia y profetizaba que pasaremos del «aula huevera» a la «hiperaula»: «Ahora que la información ya no es escasa, sino superabundante y muy accesible, la escuela tradicional no tiene sentido». El alumno se pregunta por qué tiene que aprender en el aula lo que encuentra fácilmente fuera, en su móvil u ordenador, señala Mariano Fernández Enguita, catedrático de Sociología, y «el reto del docente es sorprender con el diseño de nuevos entornos, experiencias y trayectorias de aprendizaje que enseñen a moverse entre esa información abundante y encontrarle utilidad». La codocencia y multidisciplinariedad de la hiperaula fomentan la resolución de retos de manera colaborativa, lo cual ayuda a desarrollar habilidades como la autonomía en el aprendizaje, la empatía o el pensamiento crítico con las fuentes de información, destrezas útiles para enfrentarse a las incertidumbres y cambios del futuro. ¿Significará eso que lo telemático sustituirá a lo presencial? Lo on line está en el teléfono, puedes tener una clase desde cualquier lugar, a cualquier hora, atención personalizada, llevar diferentes ritmos y estilos de aprendizaje, potenciar las aptitudes y capacidades de cada cual, facilitar el acceso al empleo… Y es más barato (matrículas universitarias desde 499 euros). Pero eso ¿es posible con niños? ¿Es deseable, siquiera?

«La codocencia y multidisciplinariedad de la hiperaula fomentan la resolución de retos de manera colaborativa, lo cual ayuda a desarrollar habilidades como la autonomía en el aprendizaje, la empatía o el pensamiento crítico con las fuentes de información»

Todo el mundo habla de la «nueva normalidad» y entiende que es volver a lo que hacíamos antes, a lo que antes parecía normal. Pero no. Juan Torres López, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, decía en PÚBLICO: «El gran error que se puede cometer ante esta situación es el de creer que se trata sólo de un impacto circunstancial, momentáneo». Los recortes de los años anteriores debilitaron el sistema educativo (como han debilitado el sanitario) y la pandemia lo va a agravar, va a provocar «la deserción de miles de estudiantes. El desapego y la desconexión, el paro, la necesidad de contribuir a la economía familias y la pérdida de atractivo que una educación deteriorada supone». Y, como en crisis anteriores, habrá pérdida de recursos cuando más falta hacen. Hasta «puede ser la justificación que permita utilizar al sistema educativo para desarrollar el nuevo gran negocio de nuestro tiempo: el de la enseñanza no presencial, sobre todo, en los niveles más avanzados del sistema». Torres terminaba pidiendo «un gran pacto de Estado que garantice estabilidad legal y recursos suficientes». A esa petición se une partidos y periódicos, pero nadie cede un ápice, que cedan los demás.

Así ha pasado la ley Celáa. EL MUNDO la considera una «vuelta al sectarismo», asegura que «descree de la cultura del esfuerzo y traiciona la función de la enseñanza como ascensor social». El Congreso ha rechazado las enmiendas a la totalidad de PP, Vox y Cs, que pedían la devolución de una ley «ideológica», «anticuada» y «contraria a la libertad de las familias». Salvado ese escollo, eldiario.es decía adiós a la LOMCE y daba la bienvenida a LOMLOE cuyo objetivo principal es «reducir el abandono escolar y la repetición, y flexibilizar la educación obligatoria». En todo caso es una ley sin consenso, una más. Xosé Carlos Caneiro decía en LA VOZ DE GALICIA: «A la educación la han mancillado demasiado. Principalmente porque los políticos han sido incapaces de consensuar una ley de educación no ideologizada. Un instrumento útil: marco legal que ampare la igualdad de oportunidades y la excelencia. No hay país desarrollado que haya tenido más leyes de educación que el nuestro». En EL PERIÓDICO, Gemma Robles escribía: «El tiempo dirá si el telecole, digan lo que digan las notas, sirve para paliar el  golpe en la psique de una chavalería confinada contra natura. El tiempo dirá también si los mayores hemos aprendido otra lección de vida: que la Educación, como la Sanidad, deben ser objeto de pacto de Estado y una intocable apuesta estratégica».

«Eldiario.es decía adiós a la LOMCE y daba la bienvenida a LOMLOE cuyo objetivo principal es "reducir el abandono escolar y la repetición, y flexibilizar la educación obligatoria"»

En su editorial del día 16 EL PAÍS afirmaba: «Educar es mucho más que impartir conocimientos. La escuela es una comunidad de aprendizaje, pero también de acogida y socialización, indispensable para la maduración y el crecimiento personal del alumno. Es además un factor de nivelación social. Dentro del aula, todos los alumnos tienen las mismas oportunidades de aprender. Fuera de ella, sus posibilidades dependen de los recursos materiales y culturales de cada familia». La educación es importante, determina el futuro, pero no hay manera de que nos pongamos de acuerdo sobre ella. septiembre de 2020 será complicado. El objetivo será garantizar el máximo de docencia presencial posible y, a la vez, las medidas de seguridad pero también una digitalización total si volviera a ser necesario un confinamiento. No esperemos encontrar ningún consenso, ni más medios. De aquella unión de todos ante el virus hemos llegado al sálvese quien pueda. Líderes que culpan al adversario de los muertos, un congreso partido en dos ante la nueva ley educativa y desunión total ante la necesaria reconstrucción económica. Acabamos el año, como quien dice, a tiros: un tipo calvo y obeso dispara en una galería a unos muñecos con las caras de miembros del gobierno con sádica sonrisa, sus señorías se increpan en el Congreso acusándose de ser terroristas o hijos de y se amenazan de muerte. Esa crispación, ese ambiente guerracivilista, es un caldo que muchos quieren para pescar en río revuelto. Pero a la sociedad no le interesa y a la educación, que necesita de aguas limpias, mucho menos.

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