El documento tardará unos segundos en cargarse. Espere, por favor.
«En lugar de añadir años a la vida, e...

«En lugar de añadir años a la vida, es mejor añadir vida a los años»

  • 9-6-2020 | Wolters Kluwer |

    Ramón Flecha

  • «La educación y las escuelas en particular podemos restablecer los derechos humanos de las personas mayores, de las abuelas y abuelos, de las bisabuelas y bisabuelos de nuestro alumnado. El profesorado tiene que acumular y entrenar argumentos y razonamientos que nos permitan realizar con calidad esa muy digna tarea»
Portada

Ramón Flecha

Catedrático de Sociología. Director de Included

El título de esta columna responde a las palabras de la Premio Nobel de Medicina Rita Levi Montalcini, que disfrutó 103 años de una vida que también regaló a las demás personas. Este soplo de ánimo suena todavía más relevante en un momento en que el covid-19 se ha usado para lanzar un ataque sin precedentes contra la gente mayor y su misma existencia. La ofensiva no ha llegado desde una ideología concreta, sino que se ha desencadenado desde personas de todas ellas, de la misma forma que también desde todas ha habido y hay personas que han frenado esa barbarie.

La educación y las escuelas en particular podemos restablecer los derechos humanos de las personas mayores, de las abuelas y abuelos, de las bisabuelas y bisabuelos de nuestro alumnado. El profesorado tenemos que acumular y entrenar argumentos y razonamientos que nos permitan realizar con calidad esa muy digna tarea. A lo largo de la historia, las escuelas hemos hecho una gran contribución a los avances hacia los derechos humanos en plano de igualdad entre mujeres y hombres, entre personas de diferentes grupos culturales, entre inmigrantes y personas nacidas en el propio territorio. Ahora tenemos también la noble tarea de superar la exclusión de determinadas edades del disfrute de esos derechos.

Quizá la carga de más profundidad ha sido lanzada por una particular versión de la denominada ética utilitarista en el uso de los recursos sanitarios. Convertida en variable independiente la escasez de camas, respiradores y UCIs, defiende el criterio «ético» de salvar a quienes tienen más años de esperanza de vida de calidad «ayudando a morir» al resto. Pero todavía va más lejos al convertir en relación causal una correlación para poder presentar como ético el criterio edista de colocar a todas las personas mayores dentro de las de menor esperanza de vida. Con una excepción que hace todavía más antiética esa «ética», incluyendo en quienes no tienen derecho a esos recursos sanitarios las personas más jóvenes con patologías previas y discapacidades.

Ahora ya se han declarado inaceptables esas discriminaciones. Quizá van a acarrear consecuencias en quienes las promovieron, pero esperemos que el consiguiente ruido de peleas partidarias no genere una opacidad hacia el verdadero origen y base de este grave problema: desde un punto de vista educativo no podemos prescindir de que esa mentalidad se arraiga en nuestras conciencias hasta que logremos superarla. Precisamente la neurociencia de personalidades como Levi o Kandel nos enseñan que queda en el cerebro hasta que se haya realizado poda sináptica. Y esa poda tiene mucho que ver con las actividades que hagamos en las escuelas y las palabras que usemos en nuestras conversaciones con el alumnado y sus familias.

Otra ofensiva ha llegado desde quienes ponen sus cálculos económicos por encima de la vida. Su argumento es bien simple: alargar la vida aumenta los costes de jubilaciones, sanidad y otros gastos insostenibles con las aportaciones de una proporción cada vez menor de población activa; hay que poner límite a esa situación y la única posibilidad es favorecer el dejar morir a la gente mayor. Necesitamos economistas de la talla creativa de Adam Smith o similar para deshacer esos simplistas razonamientos; y los tenemos, por ejemplo, Amartya Sen, con 86 años llenos de brillantez en su investigación, docencia y conferencias.

Otro Premio Nobel, Mario Capecchi, de 82 años, dice que se encuentra ilusionado con tener muchos más años más de investigación, es decir, joven. En las universidades de nuestros entornos, personalidades como Levi, Sen o Capecchi no podrían realizar actividad docente e investigadora ni contribuir con sus impuestos a aumentar los recursos públicos en lugar de disminuirlos; se les habría obligado a jubilarse para sustituirles por otras personas jóvenes que, en conjunto, serían de mucha menor calidad. Hay un número creciente de personas que consideramos nuestros trabajos como creación o como liberación y que, en lugar de querer jubilarnos, estamos deseando seguir enriqueciendo nuestra labor, como bien dice Capecchi. Esa es solo una de las fuentes de recursos sociales que economistas creativos e inteligentes están calculando.

«En las universidades de nuestros entornos, personalidades como Levi, Sen o Capecchi no podrían realizar actividad docente e investigadora ni contribuir con sus impuestos a aumentar los recursos públicos en lugar de disminuirlos; se les habría obligado a jubilarse»

Es curioso que algunos ecologistas, que se presentan como enemigos del economicismo inhumano, coincidan con él en este tema e incluso de forma todavía más exagerada. El razonamiento de nuevo aquí es tan simplista como erróneo. El planeta no aguanta la actual superpoblación creciente y el crecimiento que conlleva, si continuamos alargando la vida de la gente mayor, nos cargamos La Tierra. No saben imaginar ni entender otras posibles soluciones, por ejemplo, si se quiere disminuir la población, en lujar de «dejar morir» a la gente mayor, se puede fomentar que las personas que no lo quieran, no tengan embarazos indeseados.

Esos ecologistas debieran saber o recordar que la ecología es originalmente una rama de la biología que se ocupa de las interacciones entre los organismos y su entorno biofísico. Ni la ecología ni quienes realmente se dedican a ella defienden que para salvar el planeta haya que «dejar morir» a la gente mayor.

Rita Levi Montalcini dice también: «A los cien, mi mente es superior, gracias a la experiencia, que cuando tenía 20 años». Y también dice que «deberíamos saber que del cerebro y solo de él dependen la alegría, el gozo, las tribulaciones, el sufrimiento y los cambios de humor». La educación debe clarificar al alumnado, las familias y la sociedad sobre la necesidad que tenemos de esa riqueza, una de las mejores de las que dispone la humanidad cuando la sabe valorar. Conviene que sepan que no solo tienen un gran valor humano y una potencial productividad si se les deja tener contratos de trabajo quienes lo deseen, sino que están haciendo ya trabajos no remunerados de gran importancia humana y social como el cuidado de sus nietas y nietos o el voluntariado.

«La educación debe clarificar al alumnado, las familias y la sociedad sobre la necesidad que tenemos de la riqueza de los mayores, una de las mejores de las que dispone la humanidad cuando la sabe valorar»

Especialmente, nuestro alumnado tiene que hacer consciente que el Edismo es tan negativo humana y socialmente como el sexismo o el racismo.

Queremos saber tu opiniónNombreE-mail (no será publicado)ComentarioWK Educación no se hace responsable de las opiniones vertidas en los comentarios. Evita, por favor, las descalificaciones personales, los comentarios maleducados, los ataques directos o ridiculizaciones personales, o los calificativos insultantes de cualquier tipo, sean dirigidos al autor de la página o a cualquier otro comentarista.
Introduce el código que aparece en la imagencaptcha
Enviar
Consulte el Periódico ESCUELA y sus Suplementos en ebiblox Números y suplementos del periódico ESCUELA en ebiblox
Scroll