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“No se puede ser maestro sin estar a ...

“No se puede ser maestro sin estar a gusto con los niños, sin tratarlos como personas”

Escuela, Sección Comunidad Educativa, Semana del 19 al 25 Nov. 2014, Editorial Wolters Kluwer

  • Antoni Rubio
  • La pedagoga Mari Carmen Díez recomienda implicar el plano afectivo y escuchar a los niños como pilares de la Educación Infantil
Portada

ANTONI RUBIO

¿A qué huele la escuela? Con esta pregunta, Mari Carmen Díez (Alicante, 1949), iniciaba una reflexión sobre la Educación Infantil en su libro Mi escuela sabe a naranja. Para ella, su escuela huele “como todas a niño, a papel, a colonia, a pintura, a guisadito de albóndigas…”; pero, más allá de lo meramente sensitivo, una escuela también debe oler “a vida, a aire libre, a idas y venidas, a tarea conjunta, a aprendizaje… y a puro placer”.

Con esta filosofía, Díez lleva más de 30 años como coordinadora pedagógica de la Escuela Infantil Aire Libre de Alicante. Un bagaje que, unido a su capacidad de observación y de análisis de la labor docente, le permite aportar un enorme grano de arena a la difícil, sacrificada y satisfactoria tarea de educar. Una tarea en la que considera que se debe poner en juego el plano afectivo y, sobre todo, escuchar a los niños y niñas, y tratarles como lo que son: personas.

¿Cómo es su día a día en el aula?

Pues la verdad, es muy agradable y bonito. Me “vivifica”, me alegra, me sugiere, me da esperanza… En mi escuela las maestras llegamos al centro una hora antes que los niños, y en ese primer rato hacemos diversas reuniones: de claustro, de formación, de preparación del teatro, de estudio de casos... Después, a la hora de llegar los niños, los murmullos, la música y el revuelo invaden la escuela. Es como si se despertara, como si volviera a ser ella.

Los padres entran a acompañar a sus hijos a las clases, las maestras recibimos a cada cual, ellos se van sentando en el sitio que eligen. En unas aulas hacen plastilina o construcciones, en otras juegan… hasta que todos, o casi todos, se han incorporado a la escuela. Es entonces cuando comentamos a los niños lo que hay previsto para el día y cuando cada niño muestra, explica o propone sus cosas en una explosión de ideas y sonrisas, que, a veces, cuesta manejar, pero que es tan rica y chispeante, que vale la pena intentarlo.

¿En qué cuestiones o aspectos debe fijarse un profesor de Educación Infantil cuando entra dentro del aula?

Ha de fijarse en los niños, en cada uno de ellos, en sus caras, en sus palabras, en sus actitudes. El nuestro es un oficio de subjetividades, no hay casos iguales ni circunstancias idénticas, no hay sitio para la uniformidad, la repetición o el estándar. Porque se puede ser maestro de muchas maneras, pero lo que no se puede es ser maestro sin mirar, sin acercarse, sin estar a gusto con los niños, sin implicarse, sin desear contagiar, “sin ser”. Es decir, sin vivir la relación educativa como lo que es fundamentalmente: una relación entre personas.

Una propuesta sería trabajar sobre nosotros mismos y nuestro deseo de enseñar. Hemos de partir de nuestro propio piso de abajo, es decir, de nuestro mundo afectivo, de nuestra historia, de nuestras características, de nuestra particular manera de relacionarnos, de nuestras experiencias y nuestras dificultades. Hemos de conocernos, saber nuestros puntos fuertes y nuestros puntos débiles, hemos de estar sensibilizados a nuestras defensas y a nuestras proyecciones, a nuestras identificaciones y a nuestras limitaciones. Y hemos de hacerlo por nosotros mismos y para poder escuchar lo que nos traen otros. Sería interesante mostrarnos como somos y permitir a los niños y a sus familias que se muestren también sin miedo, con la confianza de ser bien acogidos, traigan el bagaje que traigan.

Para lograr estos objetivos, ¿se debería modificar la formación de los futuros maestros?

Creo que haría falta toda una serie de cambios en la formación inicial tendentes a una profundización en el perfil del docente como persona, a una mayor presencia del futuro maestro en la realidad cotidiana de las escuelas: más prácticas, trabajos de colaboración continuada con los centros, grupos de análisis de docentes y estudiantes, una mejor capacitación para la investigación, más formación específica que atendiera los aspectos emocionales, de relación y de detección de las dificultades en los niños...

También sería conveniente que se ampliaran las fuentes de aprendizaje y formación personal en el sentido cultural y no solo académico: viajes, intercambios, lenguas, manifestaciones artísticas..., lo cual redundaría en una mayor madurez y amplitud de miras. Y, sobre todo, habría que incidir en la capacidad de reflexión, análisis, cooperación, creatividad y humanización, para permitir que cada maestro pudiera ser autónomo, riguroso y cercano en el despliegue de su tarea con los niños.

¿Cuáles son los aspectos principales de su metodología?

Hay varios pilares a los que doy atención preferente: la consideración del niño como persona diferenciada y del grupo como entidad colectiva, las relaciones, la inclusión del mundo afectivo de todos los implicados (niños, maestros, familias), el juego, la escucha, la exploración, la creatividad, los lenguajes expresivos (poesía, cuento, teatro, el lenguaje no-verbal, el corporal, el lenguaje plástico, etc.), el movimiento, la investigación en grupo (proyectos de trabajo), la autonomía, etc. Además, claro, de las bromas, las risas, las músicas, la vida cotidiana…

Si lo pienso en clave de “autores”, diría que sigo las líneas de Piaget, Freire, Decroly, Dewey, Kilpatrick, Bruner, Lorenzo Milani, Pestalozzi, Rodari, Freinet, Makarenko, Malaguzzi, Emilia Ferreiro, Isabel Solé, Ana Teberosky, Tonucci, Lapierre, Aucoutourier, Arnáiz... Si lo pienso en clave experiencial, he de decir que hace unos años empecé a copiarme de los propios niños, que eran los que me mostraban lo que necesitaban y lo que preferían. Observando sus juegos aprendí a respetar y dar tiempo al juego libre. Escuchando sus conversaciones, aprendí a dar paso a sus palabras. Viéndoles entrar en relación, aprendí a trabajar en grupo en el aula. Mirándolos moverse y adorar su cuerpo, aprendí a ofrecer un lugar privilegiado a todos los momentos que lo incluyen en la escuela. Contemplando sus tanteos hacia el conocerse y el quererse o no quererse, aprendí a no ignorar el mundo sentimental que aflora en las primeras edades.

¿Trabaja basándose en una programación fija y cerrada o, por el contrario, deja una puerta abierta a la improvisación?

Aunque tenga el día programado y previsto, la tarea siempre está abierta a cambios. No sé si llamarlos improvisaciones, porque de por sí preveo que habrá esas cosas suyas que quiero incluir en nuestro trabajo colectivo, así que no me cogen por sorpresa del todo. Si un niño viene con la ecografía del bebé que espera su madre, da igual lo que yo tenga preparado, eso es lo prioritario. Algunas veces anoto la propuesta para hacerla en otro momento. Son decisiones que tomo a la rápida, pero que me permito hoy en día, confiando en mi intuición y mi experiencia, porque veo que si soy permeable a lo de ellos, la tarea se vuelve más integradora y rica.

¿Qué debe aportar un profesor para que su trabajo sea efectivo y útil?

Afecto, ley, escucha, implicación, presencia, flexibilidad, apertura, humor, orden, palabras… En la escuela infantil los maestros habremos de elaborar propuestas didácticas que se adecúen a los modos de aprender de los niños, de tal modo que no se les presione a un aprendizaje veloz y sin sentido, sino que se les ofrezca ir aprehendiendo de la realidad las cosas que vayan despertando su curiosidad natural y a las que pueda otorgar significado, engarzándolas en otros aprendizajes.

¿Cómo es la relación con las familias? ¿Hay un respeto por la labor del docente o hay que luchar para buscar su colaboración?

En mi larga experiencia como maestra he vivido y disfrutado buenas relaciones con los padres de mis alumnos, que han colaborado y participado en la marcha de la clase, respetando y valorando mi trabajo al comprobar mi implicación y esfuerzo para que sus hijos aprendan y se sientan bien en la escuela. También a veces ha habido algún desacuerdo, que hemos solventado hablando hasta llegar a un cierto consenso desde el respeto y el deseo de entendimiento.

¿Hay muchas diferencias entre la escuela de hoy en día y la escuela tradicional?

En la llamada enseñanza tradicional, el maestro era la parte activa y emisora de conocimientos y el alumno la pasiva, el receptor de los saberes. De ahí la repetición, la copia, la memorización, el silencio, las respuestas únicas… De esa posición estanca nos han liberado diversos pedagogos a lo largo de la historia. Pero, a pesar de ello, en estos momentos tan modernos conviven en nuestras escuelas desde la pedagogía más tradicional a las pedagogías más activas.

La escuela está sufriendo no solo un parón, sino un retroceso. De la Escuela Nueva aquí, por poner un ejemplo concreto, hemos ido de lo vital a lo rutinario, de la investigación a la repetición, de lo colaborativo y creativo, a lo individual y estandarizado. Hay peligro de anquilosamiento. Es urgente un cambio. Hay que humanizar el quehacer educativo y reinventar una pedagogía acorde a este tiempo.

¿Habría que recuperar algo de la escuela tradicional que se haga peor hoy en día?

Hay aspectos que están desprestigiados y son necesarios en la relación educativa: la desculpabilización de la asimetría de los papeles maestro-alumno, el mantenimiento de las normas, el cultivo de las artes, la ejercitación de la memoria, la valoración del trabajo, la reflexión sobre los valores humanos…

¿Cuáles son las situaciones más delicadas que se pueden dar en un aula de Infantil y cómo se deben resolver?

Lo más delicado es lo referente a los afectos y las relaciones. Cuando un niño no se siente bien por algún problema emocional, por alguna pérdida, por no haber construido una buena imagen de sí, por no sentirse aceptado por los demás, por depender en exceso de sus impulsos… Para resolver este tipo de asuntos, hay que considerar que cada caso es diferente, observar bien al niño, estar cerca de él, hablar con la familia, comentar en el grupo lo que pasa, tomar las medidas que se vean oportunas… Y dar un tiempo. Otra opción, si no hay mejoría, es consultar a un especialista.

Usted habla de unir el plano de los afectos y las experiencias. ¿Hasta qué punto deben implicarse los afectos y el aspecto personal de un docente en el aula y con sus alumnos?

Lo que suelo decir es que los hilos afectivos y los del aprendizaje están entrelazados. Aquí se pregunta sobre el grado de implicación personal del maestro en su aula. En este sentido, a mí me va bien mostrar con claridad cómo soy, decir lo que pienso y contar las cosas que pueden servir a mis alumnos para algo. Con mesura y sentido común, sin exhibiciones. A veces lo acierto más y otras menos, pero hay que arriesgarse…

¿Sobre qué temas sienten interés los alumnos de Infantil?

Les interesan todos los que hacen referencia al momento evolutivo: nacer, morir, enfermar, el cuerpo… También los referentes a la familia, a los juegos, al mundo de la fantasía, a los animales, el espacio, los países, el mar… Y a los sentimientos y comportamientos, a “lo que está bien y lo que está mal”, a los conflictos de la vida de relación: repartir el lugar con los demás, llorar, pegar, chivar, ayudar, rechazar, burlarse, mandar, decir lo que uno piensa o siente, atreverse a elegir, a quejarse, a alabar, mentir, retar al adulto, o a los demás niños, molestar a los otros compañeros, no tolerar el esfuerzo, la frustración o la norma, acaparar la atención, la palabra, los juguetes, reconocer e ir aceptando las diferencias…

¿Qué consejos daría a alguien que quiera ser docente en esta etapa?

A un maestro que empieza, le diría que respire hondo y entre en la clase con ilusión. Que busque sus recursos personales y los ponga al servicio de la tarea. Que logre establecer relación con cada uno de los niños en particular. Que contagie sus pasiones y sus preferencias. Que no tenga miedo a poner a los niños unas normas estables y que den seguridad. Que contacte con las familias de sus alumnos. Que proponga trabajos abiertos y no fichas repetitivas y vacías. Que escuche a los niños y que baile, juegue y pinte con ellos.

“Educar es tanto conducir, enseñar, guiar y acompañar como corregir, reprender, frenar y contener”

Muchos padres se preguntan hoy en día si hay que aplicar mano dura con los niños o, por el contrario, ceder siempre a sus peticiones y anhelos. Como educadora experimentada, Mari Carmen Díez tiene clara la necesidad de poner límites y, aunque no sea políticamente correcto, recuerda que “educar es tanto conducir, enseñar, guiar y acompañar, como corregir, reprender, frenar y contener”.

“Hoy en día parece que cuesta mucho reñir a los niños ante un mal comportamiento y cabría plantearse si es por miedo a la reacción de los propios niños o de la sociedad entera, que ve con alarma cualquier freno o límite que se ponga a un niño, como si eso fuera lo peor del mundo”, explica la maestra alicantina. Para ella, “se ven anacrónicos los castigos y las riñas, por aquello de que pueden ser traumatizantes y tiene mucha mejor prensa los diálogos adulto-niño, el recordarles y explicarles las normas, y el negociar con ellos lo que pueden o no hacer”.

Sin embargo, sin dejar de lado este diálogo, la docente lo tiene claro: “No presentarle la ley al niño equivale a dejarlo a merced de su mundo impulsivo y permitirle creer que sus deseos alcanzarán siempre lo que él quiera, cosa que es incierta y que, a la larga, le puede frustrar mucho más que un poco de freno de tanto en tanto”. Por ello, sentencia: “Parar los desmanes de un niño no es delito ninguno, más bien es todo un favor”.

Una vida dedicada a la Educación Infantil

Mari Carmen Díez Navarro (Alicante, 1949) es licenciada en Psicopedagogía y coordinadora pedagógica de la Escuela Infantil Aire Libre, en la capital alicantina. Hija de maestra, trabajó en diferentes colegios antes de iniciar un fecundo proyecto educativo en la escuela alicantina, basado en un sistema heterodoxo que intenta coger lo mejor de cada teoría educativa.

Al margen de su labor docente, Díez destaca por su actividad literaria que incluye desde artículos de opinión a libros de poesía, pasando por diferentes textos en los que analiza la actividad educativa y pedagógica. Entre sus últimos libros, se encuentran El piso de abajo de la escuela. Los afectos y las emociones del día a día en la escuela infantil, Poesías por alegrías: apuntes poéticos para maestros en prosa, Arte en la escuela infantil. Apuntes sobre la creación y la libertad, Mi escuela sabe a naranja. Estar y ser en la escuela infantil, Los pendientes de la maestra o 10 ideas claves. La Educación Infantil.

Algunos aspectos esenciales de sus prácticas educativas están más desarrollados también en la web www.carmendiez.com y en www.escuelaairelibre.com, el sitio del centro donde lleva tres décadas desarrollando sus proyectos e ideas educativas, y en el que se han educado toda una generación de alicantinos.

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