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España es el cuarto país de la OCDE e...

España es el cuarto país de la OCDE en el que los alumnos hacen más deberes

Escuela, Sección España, Semana del 16 al 22 Dic. 2014, Editorial Wolters Kluwer

  • Daniel Sánchez
  • Se dedican 6,5 horas semanales al trabajo fuera de la escuela; los datos disponibles dicen que por encima de cuatro dejan de aportar
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Entre la jornada escolar y los deberes, a los alumnos españoles de Secundaria les sale casi una jornada laboral completa de 40 horas semanales. Los jóvenes pasan en este país una media de 6,5 horas semanales haciendo trabajo personal en casa, que sumadas a las 30 que según la ley deben dedicar a las asignaturas arroja un total de 36,5 horas.

Estas seis horas y media dejan a los españoles como los cuartos de la OCDE que más tarea realizan, solo superados por Italia, Irlanda (estos dos con guarismos muy similares) y Polonia (por encima de las ocho horas semanales), según datos de la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos extraídos a partir del ingente baúl de información que es el examen de PISA. En otra dimensión queda Rusia, donde los alumnos dedican más de diez horas semanales a estudiar y que además no forma parte de la organización, aunque sí del estudio. Ninguno de estos cinco países desempeña especialmente bien en PISA.

En el otro extremo de la tabla, con menos dedicación (en horas) a los deberes se encuentran Finlandia (poco más de dos horas semanales), Corea del Sur (lo mismo) o la República Checa (dos horas y media semanales). Los dos primeros sistemas educativos están entre los considerados –por la OCDE– modélicos, al menos en cuanto al resultado que sus escolares (de esa misma edad) obtienen en PISA.

¿Casualidad? ¿Consecuencia? ¿Correlación? La OCDE sostiene que un mayor tiempo reali-zando deberes significa un mejor rendimiento individual de los alumnos, pero no un mejor resultado global de un sistema educativo. Los datos casi invitan a pensar lo contrario, aunque quizá haya que fijar más la vista en lo que se hace para que no hagan falta más horas de deberes que en los deberes en sí. En este sentido, la organización afirma que en los resultados de un país influyen más “otros factores, como la calidad de la enseñanza y cómo se organizan las escuelas”.

La OCDE también afirma en su documento que dedicar más de cuatro horas semanales al es-tudio pasa a ser ineficaz, según datos obtenidos de PISA 2009. Los sistemas educativos que lo hacen ya adelantaban esta tendencia: la media del tiempo que se dedica a los deberes ha bajado de las 5,9 semanales que había en 2003 a las cinco actuales. “Puede ser el resultado de un cambio en los patrones de cómo emplean su tiempo los estudiantes –por ejemplo con la importancia creciente de Internet y los ordenadores– o de cómo cambia la mentalidad de los profesores sobre cuántos deberes son suficientes”, observa la OCDE.

¿Aumentan las desigualdades?

El estudio afirma también que, como norma general, los estudiantes de entornos socioeconó-micos más favorecidos dedican hora y media más a la semana que sus pares con menos recursos (5,7 frente a 5,1), hecho que aumenta la desigualdad entre ellos. La dificultad que pueden encontrar estos últimos en tener un espacio apropiado en casa o unos padres comprometidos y que se vean capaces de acompañar a sus hijos en los estudios, explica esta diferencia entre unos y otros, según la OCDE.

Felipe de Vicente, presidente de la Asociación Nacional de Catedráticos de Instituto (Ancaba), cree que, más que con la cuestión económica, estas desigualdades tienen que ver “con el modelo de familia. Hay padres ricos que se desentienden de sus hijos y hay familias modestas que ayu-dan”, afirma. Y argumenta su afirmación con el caso finlandés, que presenta unas tasas de divor-cios muy altas (como España), “pero los padres se ocupan de que sus hijos saquen el trabajo y estudien en casa. Y sin embargo aquí el interés es nulo, muchos padres tienen la idea de que el colegio es el aparcamiento de los hijos”.

Más allá de plantearse su origen, José Cercós, director de un instituto de Huelva, cree que “es importante imbricar los procesos de la escuela en las tareas de casa, de forma que no se agrande la brecha de la desigualdad”. Cercós destaca la paradoja que resulta del hecho que sea “la misma sociedad que genera esa diferencia en la escuela [a través de las clases particulares o las aca-demias] la que intenta solucionarla con planes de refuerzo a costa del Estado”.

Mariano Martín Gordillo, profesor de Filosofía, introduce un elemento para la reflexión: el tiempo que se dedica a la enseñanza y al aprendizaje. La previsión legal solo contempla el primero. Pero “nadie espera que el alumno pueda obtener las mejores calificaciones (quizá ni siquiera aprobar) si dedica a cada asignatura solo el tiempo de clase”, explica. Y ahí entran en juego los deberes y el estudio, por lo que “la dedicación de los padres a la tutela de sus hijos resulta determinante”. Un problema que en instancias educativas superiores como la Universidad sí se ha afrontado con la creación del sistema de créditos ETCS, que tienen en cuenta el tiempo necesario para la formación y en el que las clases magistrales apenas suponen un tercio del total. Pero no en las etapas obligatorias.

Demasiadas asignaturas

Para este profesor tampoco aporta mucho que los alumnos puedan tener hasta 11 asignaturas a la vez en Secundaria, hecho en el que coincide con De Vicente. “Hay mucha presión sobre los alumnos”, afirma Martín. “Los currículos cada vez son más exigentes, porque técnicamente se supone que la transmisión de conocimiento puede ser más rápida”, argumenta. A esto se une un diseño en el que las actividades vespertinas de los centros “compiten” con el resto de oferta cultural que ofrece la sociedad, imprescindibles según Martín en la formación de los jóvenes.

Precisamente por la sobrecarga de horas, De Vicente propone que se pueda hacer parte de este “trabajo personal” (cree antiguo el término “deberes”) en los centros durante el horario lectivo. “Parte de esas horas podrían usarse”, defiende.

Cercós sostiene que la solución quizá pasaría por “generar los mínimos deberes posibles, or-ganizar los tiempos escolares de forma que sean innecesarios y la escuela sea suficiente”. Como Martín, cree que educarse, ser uno mismo, “es abrirse a la realidad y al mundo”, y no ve cómo los deberes contribuyen a eso. “Demasiados escollos: tiempo, método, currículo”, afirma.

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